mayo 02, 2021

Que nadie te lea rompiéndome el corazón

 Es la primera vez que mis dedos se entrecortan intentando escribirte. Me había ocurrido con la voz y las lágrimas. Mis dedos siempre sabían teclear las emociones a velocidad luz siguiendo el dictado de los añicos dentro de mi pecho. Hoy se me han congelado, como si resistiesen a mencionarte. Quieren sepultar la idea de ti en un silencio permanente. Que nadie te lea rompiéndome el corazón. O es que quizás me rompiste el orgullo.

Que nadie te lea en mis pensamientos. Que nadie se entere que mis días han sido tristes desde que no estás. Mi refugio contra el dolor en las palabras ya no se siente seguro, es la primera vez que no quiero que un desamor sea parte de mi lugar sagrado, inmune al público y a sus creencias, entre mis latidos y el teclado, ese espacio invisible cargado de mí, no quisiera plasmar nada tuyo aquí. Quisiera ni mencionarte, que los relatos enteros te desconozcan. Y aunque conscientemente sé que no tienes ningún poder sobre mí, y que yo soy la responsable de atribuírtelo, hoy quiero escribir que me matas el alma.

Hay días que no puedo dormir porque el vacío y el terror de enfrentarme a lo que siento sepultan el aire entre mocos y lágrimas, y tu falta me asfixia, porque sigo pensando en tus brazos ausentes envolviéndome y extrañando tu estólida respiración en mi oído, diciéndome que nunca me harías daño y que me amabas como a nadie y como nunca antes y para siempre, las mismas palabras minadas contrarreloj para todos los ingenuos que nos las creemos; las mentiras que todos los que saben desaparecer fácil sin sentir nada dicen por decir. Hay días que grito empuñando fuerte la almohada contra mi cara y mi boca porque siento que voy a reventar de sensibilidad, siento tu falta enterrarse en mis costillas y que mi hígado va a explotar de dolor, que Dios me lleve ya, pienso, no te soporto en mi corazón, me rebasa odiarme por amarte; hay días que me cuesta salir de la cama y enfrentar un día más en el que vives solamente en mi pasado. Hay días que no me da hacer el mínimo esfuerzo por mantenerme viva porque hay días que te odio hasta quererme morir. Me mata saber que me dueles. Me llena de culpa e ira aceptar que me lastimaste. Los libros de autoayuda contra la autocompasión no me sirven en este momento, qué importa cuántos he leído, el saco de víctima se me cose en los hombros y en este momento me matas de dolor. Y me odio por permitírmelo. Me odio por mi actual incapacidad de soltarte.

No quería escribir, no quería hacerlo real, pero necesito regurgitarte lejos de mi corazón y pensar que de algo me ha sanado. Me mata desear morirme por lo que ya no somos y nunca seremos. Siento que en todos mis rincones se apaga la luz.

Foto tomada por mí un día en el barrio gótico de Barcelona.


abril 05, 2020

Ay Ay Ay

Breve desliz sabroso. La alegría y liberación de elegir permitirlo por sobre difícilmente ignorarlo. ¿Por qué no somos más libres?
Ojos luminosos y despiertos, fugitivos desde el rincón de tus pensamientos mientras caminas con ese andar elegante y seguro.
Cabello oscuro, abundante y de lado que hace juego con tu sonrisa. Qué lindo es ver las arrugas de tus ojos cuando me sonríes y me sacas la lengua desde lejos. Me encanta encontrarte mirándome.
Espectador silencioso, cazando despacio. Me robaste las mejillas a mordidas y besos, encendiste con un solo fósforo mis rincones olvidados.
La aventura y expedición de descubrir un nuevo tatuaje sobre tu piel y la magia de tu calor corporal en la habitación helada. Qué ganas de quitarse hasta la piel para rozar aún más cerca.
Y el sí que acompañaba mis gemidos y las contracciones de mis piernas conforme la velocidad y presión de tus dedos aumentaban.
Tu breve compañía en las mañanas sentado en mi asoleadero y mi alma abrazándote a escondidas de todo que se ve. No puedo con esta limerencia. Y de nuevo esa mirada y besitos de hasta luego que aceleraban mi corazón.
La belleza de acurrucarme en tu pecho y contar tus latidos.
El nervio de andar sigilosa al retornar a mi mundo en las madrugadas.
La libertad de sentirme tuya al momento de girar el seguro de la puerta.
Mi resistencia inútil.
Y después tus labios carnosos y dibujados con ángulos felices a sus costados. Me los he quedado porque así lo has permitido. Así te has convertido en mi serendipia.
Mira qué ojitos bonitos y cuánto me gustas. Y aún más con esa sonrisa pícara que salía a luz de entre las sábanas.
Escasos días de profunda conexión bastaron para inundar mis ojos ahora que he partido.
Te echaré de menos y después, con tiempo, el recuerdo será el tatuaje que me has dejado de por vida.


Foto: teclear "tatuajes líneas" en Google.

noviembre 23, 2017

Las ramas

(

A veces las cosas no son como planeamos, mucho menos como imaginamos...a veces son mejores.
Quiero dejar por escrito que este pequeño espacio que compartimos, esta pequeña pausa de la rutina, este pequeño paréntesis de la loca vida desenfrenada ha sido de las cosas más fuertes que me han pasado y definitivamente una de las mejores. Tantas veces quise huir y meterme en la cabeza que era mejor mantenerme a raya... tantas veces creí que era la peor mujer del mundo, tantas veces pensé que la vida me las iba a cobrar algún día...pero un día me di cuenta que estar sin saberte era mucho más doloroso y que probablemente era la vida la que me daba la oportunidad de gozar de un pequeño instante de mi transitar perdida dentro de la luz que sale de tus pupilas y dentro de la sonrisa más bonita del mundo, que es la tuya.
Desde el principio supe que esto no es para el clásico siempre, y que algún día se terminará, que el tren de la vida, las ramas, decidirá partir en dirección opuesta a la tuya. Al principio me asustaba involucrarme porque son los desapegos y adioses lo que menos me gusta de la vida y de las relaciones, pero a fin de cuentas cada quien elige por quién vale la pena tocar fondo. Y es tan chistoso porque dentro de mis historias mentales yo te preparo un caldo de pollo en estos momentos de enfermedad, te hago piojito y arropo hasta que duermas. Te leo poesía, te toco guitarra y consigo bajarte la Luna que tanto te gusta con mi hermosa voz. Pero sólo son historias.
No conozco el sentido de esta situación, pero quiero decirte que la disfruto con el alma. Este pequeño paréntesis es una gran bendición en mi vida porque tengo permitido perder los estribos y hacer tonterías, porque puedo dejarme llevar, porque me puedo expresar, porque me encanto a tu lado. Es increíble estar en este laberinto contigo porque es un enigma para mí el por qué cada que te pienso o escribo de ti aparece un mensaje tuyo, son como señales que en secreto me dicen que estamos conectados por algo superior.
Es una locura porque a veces platico con tu mamá y le digo que me encantaría amarte, le cuento lo que siento por ti y el cómo me siento cuando pienso en ti. Son muchas las locuras, tengo casi un cuarto de diario que habla de ti y dibujitos con tu nombre por todos lados, como si fuera una niña de quince enamorada. Pero bueno, esto es poco de lo que me atrevo a decirte (risas), a veces es mejor no decir nada y sentirlo todo.
Agradezco a la energía cósmica la oportunidad de cruzar los hilos de nuestras historias, porque a pesar del tiempo, del lugar y de las circunstancias, éstos podrán tensarse o enredarse, pero nunca podrán romperse. Esto es para siempre. Porque para siempre es a veces sólo un momento, un respiro, un segundo, un beso inesperado, un huequito, una fronda de árbol, una película interrumpida por un aliento en el cuello, un baile, y yo, para (este tipo de) siempre, sentiré algo muy especial por ti.
Mejórate pronto porque no soporto que estés enfermo y que no me escribas, y mucho peor: que no pueda verte.

)


noviembre 17, 2017

Cinco centavos

19 octubre 2017

¿Lo hiciste? ¿Le detuviste la puerta del baño o se la soltaste en la cara? ¿Te fijaste? ¿Le ayudaste a recoger la cartera que se le cayó? ¿Le completaste los centavos que le faltaban para el ticket del bus? ¿Esperaste a que saliera del elevador o entraste enseguida? ¿Le cargaste algunas bolsas del supermercado? ¿Le ayudaste a parar cuando cayó o únicamente te reíste? ¿Le pediste al conductor esperar a quien corría tras el metro que se iba? ¿Le diste el paso en la vía? ¿Le alcanzaste el suéter que se le cayó sin darse cuenta? ¿Cooperaste después de haber escuchado su canción en la calle? ¿Le perdonaste el equipaje extra? ¿Le prestaste tu celular para hacer una llamada? ¿Le ofreciste tu sitio para sentarse? ¿Le prestaste tu suéter cuando hacía frío? ¿Le ofreciste un aventón a quien lo pedía en la vía? ¿Le explicaste el mapa a quien lo miraba con duda? ¿Tradujiste las instrucciones para esa persona que no entendió? ¿Te moviste de sitio para que la pareja pudiera sentarse junta? ¿Compartiste tus trucos secretos para llegar por menos precio? ¿Le ofreciste un pañuelo al verle llorar? ¿Le compartiste de tu comida cuando por pena a pedirte sólo te vio a comer? ¿Le invitaste una noche extra en casa sin cobrarle la tarifa? ¿Le mostraste algo de la ciudad a quien apenas llegaba? ¿Le acompañaste a casa? ¿Le invitaste la cuenta el día de su cumpleaños? ¿Le dijiste felicidades después de algún triunfo? ¿Le cargaste una maleta al salir de las escaleras del aeropuerto? ¿Recogiste la basura que encontraste en tu camino? ¿Llevaste tus trastes sucios a la barra del bar? ¿Lavaste el traste que no era tuyo? ¿Ofreciste tomarle una fotografía a la familia para que salieran todos? ¿Donaste la ropa que no usabas? ¿Le pusiste una rebanada extra sin cobrarla?
La mayor parte de nuestras vidas vivimos un papel protagónico. No está mal, pero podríamos dar el extra. Dar un extra. Darte a ti.
Si algo percibo cuando salgo del país es que vivo en un sitio servicial, que en muchos libros describen como “servilismo”, y a veces me pega… porque sí que es posible hacernos responsables de nosotros mismos, es facilísimo pasar de largo, pero, ¿sabes? El granito de arena de nuestra aportación, de nuestra ayuda desinteresada, podría ser en ese momento el regalo más grande para la persona que lo recibe. Me ha pasado que estoy por pagar el estacionamiento, y ¡es tan poco! pero me doy cuenta que no tengo el dinero suficiente, y empiezo a pensar en medio de una tormenta mental, “Díos mío, por qué no he metido más  dinero si sabía que venía al centro comercial? Le di mis últimas monedas al que me ayudó en el supermercado, y ahora qué hago”, y sin más, el de atrás deposita la moneda que completa el pago. Así, sin más, su acción de pronto es importantísima. De pronto puedo olvidar mi angustia y salir del estacionamiento para llegar por mi hija al colegio. Cinco centavos de euro de pronto son espectaculares porque la persona que me los dio los convirtió en ello.
Podemos convertir las cosas, podemos transformarlas de algo mínimo a algo fantástico a través de acciones que las empoderen. Si la canción que toca el joven de la calle es terrible, pero no usas esos cinco centavos para nada más, entrégaselos, invierte en esa persona; puede ser que con ellos compre el boleto que lo haga ganador de un gran premio y no tenga que volver a tocar en la calle nunca más en su vida.
Me pasó que llegué a Mallorca para empezar mi maestría después de haber viajado 10 días increíbles junto a mi madre, y tras ella partir lo único que quería era embriagarme en llanto de nostalgia. Mi compañero de cuarto se paró junto al marco de la puerta de mi habitación y, sin más, me preguntó si quería que me mostrara los alrededores. Es increíble como esa media hora cambió mi perspectiva, me dio la fuerza para enfrentar el primer mes sola fuera de casa y fuera del país. Un regalo de treinta minutos.
Vamos, si no puedes apoyar con tu dinero, apoya con tu tiempo. Verás cómo te haces millonario de sonrisas.
Una de las primeras noches de regreso al departamento me perdí, llovía a cántaros, yo en sandalias, claro, sin internet ni mapa, y me fui a topar con un hindú, de vacaciones en Mallorca, que vivía en Escocia, y me ofreció su celular para buscar mi casa en su GPS. Él regresaba a casa al día siguiente. Me regaló su amabilidad.
Si no puedes apoyar con dinero, ni tiempo, apoya con amabilidad.
A dos días del primer examen de maestría, me enteré desde lejos que había ocurrido un terremoto terrible en mi país de origen. Mis llamadas y mensajes no llegaban a mi madre y fue un mensaje de un compañero quien me dio tranquilidad en la espera. Ella me escribió inmediatamente después.
Si no puedes apoyar con dinero, ni tiempo, ni amabilidad, apoya con ánimos.
Me pasó (y siempre me pasa) que volví a casa con sobre equipaje y a través de trucos cibernéticos, la señorita de atención a clientes logró una rebaja bárbara para el pago de maleta extra. Me pasó un poco antes, que quería tomar un paseo por un sitio de Valencia, extremadamente caro y una amiga que hice en el paseo turístico por el centro me rindió detalle de cada movida para llegar yo misma a mucho menos de la cuarta parte del precio original. Si no puedes apoyar con dinero, ni tiempo, ni amabilidad, ni ánimos, apoya con trucos.
Una noche me tocó a mí apoyar de la manera más extraña. El seguro de la puerta del baño de un bar no servía, y una desconocida me pidió entrar al baño con ella a detener la puerta. ¿Sabes qué? Lo hice. Si no puedes apoyar con dinero, ni tiempo, ni amabilidad, ni ánimos, ni trucos, apoya deteniendo una puerta.
Camino al aeropuerto con mis 2 equipajes y un bulto, todos tremendamente pesados, el bus número 1 en dirección al aeropuerto ya había llegado a la parada. Corrí para alcanzarle. El conductor cerró las puertas cercanas en mis narices. Dejó abierta únicamente la del frente. Con un esfuerzo extra llegué al frente, le pedí abrir las puertas de atrás y en ese momento una de las maletas se cayó casi al borde de un hoyo con agua estancada, mi otra mano detenía el otro equipaje que también iba al suelo y el bulto extra, pues nada, sólo agregaba más emoción y rabia, cuando un completo extraño llegó a poner orden y empáticamente me ayudó a subir la maleta volteada hasta el bus. No tenía por qué, ¿sabes? Los demás observaban muy fácil. El chofer cerraba las puertas muy fácil. Lo que él hizo, eso fue un regalo. Me regaló empatía.
Si no puedes apoyar con dinero, ni tiempo, ni amabilidad, ni ánimos, ni trucos, apoya a alguien con su maleta. Dentro del bus, queriendo tranquilizar la situación y sin lugares vacíos, acomodé las cosas lo mejor que pude y las fui deteniendo con mi cuerpo, pues eran de rueditas y avanzaban a cada rato, pero en el camino el chofer tuvo que frenar profusamente; una de las maletas cayó a los pies de una mujer y la otra por detrás de mis piernas, perdí el equilibrio y caí sentada sobre ella. Las personas cercanas a mí rieron todas, pero nadie ayudó. Fue doloroso sentir cómo ninguna de ellas sumó a mi vida. Si no tienes nada con que apoyar, no te burles.
Recientemente me he prometido hacerme caso de mis sentimientos y guardarlos para lo verdaderamente importante. Decidí bajarle dos rayitas a mi sentimentalismo, evitar que me duela lo doloroso y ser diferente de los demás con el extra en mis acciones. Decidí callar un poco mis palabras y entender que el mundo adulto puede conservar algo de magia a través mío. Muchos adultos son inmunes a las sonrisas. Aunque nosotros recordamos más lo que no hacemos, nos recuerdan a nosotros más por lo que sí, ¿sabes? Apoya a alguien con un buen recuerdo de ti.
Las velas aromáticas no se encienden únicamente el primer día, deben estar encendidas el resto de los días o al día siguiente se olerá la podredumbre. ¿Por qué escribo esto? Por la persona que me hospedó en Mallorca. El primer día fue diferente al último al 100 por 100. Había velas aromáticas, incienso, luz baja, las toallas dobladitas, una esponja, jabón. Y al final, con decir que ni después de compartir mis conocimientos, mis historias, mi consulta médica, comprarle juguetes al perro, regalarle una blusa, de que se tomaron mi agua, que casi no estuve, que pagué por cada centímetro de aire que respiré; se ofendió porque llegué antes de tiempo a su casa y quiso cobrarme un día más, sin permitirme dormir en su sofá como quedamos antes de irme unos días a Valencia. Me vine a dormir al aeropuerto, porque prefiero invertir ese dinero que regalarlo a alguien que no apreciará lo que lo empodera. Muchas veces hacemos las cosas con la mejor intención, pero no entiendo aún por qué insisten en quitarles la magia con falta de reciprocidad.  Sé (o intento saber) que hay que dar sin esperar nada a cambio, pero de vez en cuando merece la pena analizar si hemos dado algo a cambio de lo que recibimos.
En casa abrimos las puertas a una amiga nuestra que vive en otra ciudad, y ella nos abre las suyas. Es maravilloso compartir puertas internacionales. Apoya con puertas internacionales, pon tu casa para algún viajero amable y déjale velitas más de una noche. Si no puedes apoyar con dinero, ni tiempo, ni amabilidad, ni ánimos, ni trucos, ni con maletas ni puertas, apoya a alguien con tu hospitalidad.
El día que no haya algo con qué apoyar, será porque estás muerto. Siempre hay algo, no te excuses con pretextos.
Y si estás solo, ¿qué tal si dejas bancas vacías para que la gente que va acompañada pueda compartir el sitio para sentarse? Serán pocos los que te lo pidan, adelántate a ello y mira cómo se alegran. Regálales oportunidad.
No te asombres si al apoyar con una semilla de acción terminas dando tiempo, amabilidad, dinero, ánimos, trucos, maletas, puertas, hospitalidad y oportunidades cuando no lo esperabas.

Y es que es lo inesperado lo que más nos sorprende, ¿no crees?


febrero 23, 2017

La rutina es insoportable

Atrapada entre la rutina y las ganas de salir corriendo, conquistar montañas, saltar al vacío desde cascadas muy altas, romancear bajo el brillo lunar colándose a través de un hueco sobre la cueva de un cenote, mientras los murciélagos nos invitan a ser parte.
Con ganas de hacer la diferencia y olvidar, desechar, los patrones, los juicios, el chisme.
Amar cada ser de cada humano que se cruza conmigo, entender su mirada y sus gestos más allá de intentar descifrar sus cálculos de soluciones ajustados para la edad y el peso.
Con ganas de ausentarme en este mismo instante, crecer mis alas y navegar entre las nubes de mi irremediable corazón libre. Ganas de intercambiar experiencias con un intercambio de miradas.
Ganas de robarte y cambiar por completo tu historia personal para crear la mía contigo y la tuya conmigo. Que no seas sólo el fuego de ocasiones sino la lluvia de todos los días que me crece emociones y entorpece mis sequías.
Con ganas de ser niña de nuevo, olvidar que soy responsable. ¿Responsabilidad? A veces la confundo con cadenas de conciencia que lastiman mis alas y subyugan mi cuello. A veces no quiero ser responsable, quiero volver a la escuela, tener recreos de media hora y viernes sociales junto a mi mejor amiga. A veces le doy todo al tiempo y me permito olvidar lo realmente importante.
Los cafés ahora duran 1 hora o menos, los días de ejercicio no son vastos. La rutina es insoportable. La rutina me roba la felicidad. La rutina me mata, y tanto que me gusta vivir...